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lunes, 2 de junio de 2008

UN EXPERIMENTO A GRAN ESCALA

El papel de las Ciencias en el progreso de la sociedad es indiscutible. Lo sabe todo el mundo y, en particular, empresarios y gobiernos. Sin embargo, esta verdad de Perogrullo no se ve reforzada con políticas educativas que promuevan el mismo objetivo. Es decir, pretendemos aumentar los recursos en Ciencia y Tecnología (Zapatero, en El Mundo, el 26.06.05), sin formar el suficiente número de cerebros para llevar a cabo estas estrategias. ¿O tal vez pensamos importar investigador@s como juguetes made in Taiwan?

Y a nivel personal, ¿qué papel desempeña la formación científica en la educación del ser humano? ¿Podemos vivir en el siglo XXI sin el mapa que forman los conocimientos científicos, tan necesarios para entender el mundo y movernos por él con soltura?
Para respondernos a estas cuestiones y comprender mejor la importancia de la cultura científica en la formación de los ciudadanos/as, proponemos la realización de un experimento mental del tipo “El gato de Schrödinger”, en la que un felino, una partícula radiactiva y un veneno interactúan en el interior de una caja, bajo la mirada de un observador, que abre o cierra la caja a voluntad.Los “gatos” de nuestro experimento serán hombres y mujeres, mayores de edad, con una formación científica básica, actual y contrastada objetivamente.

El procedimiento experimental consistirá, primero, en borrar de sus mentes todo lo relacionado con ocho de las grandes ideas científicas del siglo XX, correspondientes a los diseños curriculares de 4º de ESO: Genes, Tectónica de Placas, Estructura del Átomo, Origen del Universo, Evolución de los seres vivos, Energía y Máquinas, Ecosistemas y Procesos Químicos. La segunda fase del experimento se basará en la observación de estos mismos sujetos, desprovistos de este poso cultural, enfrentándose a situaciones reales del mundo actual: clonación, células madre, terremotos, radiaciones, contaminación ambiental, drogas, naturaleza humana, ingeniería genética, sostenibilidad, sequía, cambio climático, crisis energética, industria química, energía nuclear, desequilibrios Norte-Sur, cáncer, explotación y distribución de los recursos, el ser humano en el universo, pérdida de biodiversidad, etc.

¿Cómo interpretarán el mundo? ¿Cómo se verán a sí mismos dentro de él? ¿Necesitarán recurrir a elementos mágicos para explicar el devenir de los acontecimientos? ¿Tendrán una opinión fundada en torno a estos temas y tomarán decisiones de forma razonada? ¿Serán capaces de participar y actuar responsablemente ante problemas relacionados con la cultura que les hemos negado? ¿Serán unos ciudadanos más libres y por tanto, más críticos?
No seamos ilusos. Alguna mente prodigiosa se nos ha adelantado y la investigación anterior ya se está llevando a la práctica, pero, esta vez, a gran escala. Forma parte del sistema educativo actual, que, utilizando como conejillos de indias a chicos y chicas de 12 a 16 años, está propiciando su salida de la ESO sin los conocimientos mínimos necesarios para entender el mundo que les está tocando vivir. Una generación a la que se les ha negado en las aulas, sistemáticamente, el acceso a estos conocimientos, con una prematura y falsa segregación en ciencias y letras, como si ambos saberes estuvieran sumidos en un combate reiterativo, a la manera del bachiller Carrasco contra el caballero de la Triste Figura, en el que el primero quiere apartar al otro de su heroica misión.

Aún estamos a tiempo de sacar al gato de Schrödinger de la caja y evitar que siga tomando el veneno de la incultura. Necesitamos un cambio de mentalidad en la sociedad y en la clase política, que el profesorado y los investigador@s debemos liderar, situándonos al frente de un movimiento en defensa de esta forma de Cultura, entendida no contra nada, sino a favor de una educación integral, en una sociedad compleja y cambiante.

(Diario Córdoba. 05.10.05)

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